lunes, 24 de noviembre de 2014

A mi Padre


El haber puesto término a lo relativo, en cuanto a las cosas que de verdad son importantes; el amor al hogar, el trato exquisito que tiene para con mi Madre; el haberme procurado los mejores maestros que estaban en sus manos, así como el haberme encorajado el estudio de la música y los idiomas; el haberme infundido unos sólidos principios rectores; el mostrarme la benevolencia con los débiles, y en consecuencia reprimirme cada vez que me vio quejarme; el persuadirme a que siguiera siempre a mis pasiones, sin dar explicaciones a los demás;  la tolerancia con los que son más ignorantes que yo, y por ende la indulgencia ante sus decisiones; el no dejar que me interesara en demasía por vanidades, animándome al hábito por la lectura expresándome: “ Tu padre no tiene dinero, así que ésta será tu arma, úsala (haciendo referencia a un libro)”; la indiferencia ante la vanagloria y la fanfarronería; el obligarme desde chiquito a ser excelente en el trato con los desconocidos, sin buscar culpables, sin señalar con el dedo, sin expiar mis pecados; el mostrarme proclive al diálogo bilateral, dejando de lado los discursos exhortativos; el no abandonarme jamás a mi suerte, y a su misma vez, dejar que me levantara solo de mis errores asumiendo la culpa sin intentar eludirla; el haberme dado comodidades por encima de sus posibilidades y disposición por adelantado a todo lo que requería urgencia; el no premiarme ni castigarme ante el éxito y el fracaso, haciéndome mostrar indiferente ante ambos; el pulir mis dejes envidiosos, dando honores a todos sin tener en cuenta su grado de instrucción, conocimiento acerca de determinadas ciencias o nivel social; el no tener muchos secretos; el dar el cien por cien en todo lo que hago siendo perseverante disfrutando más del proceso que del resultado obtenido; el permitirme vivir acomodado pero mantenerme siempre despierto, siempre atento, siempre regular y constante; el educarme para dotar de caballerosidad a mis relaciones con las mujeres, solo siguiendo sus pasos encontré una chica tan sencilla, tan firme, tan tierna y tan dócil, quien por otra parte y aunque no sea objeto de discusión me guio durante mucho tiempo, sin ella habría caído; el permitirme ser libre de pensamiento, pero jamás de obra y omisión; el no dejarme obrar mal con la naturaleza; el seguir aun hoy en día recriminándome mis comportamientos arrogantes y soberbios dando ejemplo de humildad.

Por todo eso y pos las mil cosas que mi memoria no es capaz de reproducir en este instante;


Gracias Papá!